Los Jardines Encantados

Hoy he decidido dar una vuelta por los Jardines Encantados de la Avenida de los Jardines Encantados. Parecía el día perfecto para un paseo en el parque. Me equivocaba.

Salí a las once y necesité dos horas para bajar la escalera, intentando no pisar el césped que había crecido durante la noche sobre cada peldaño. Para más inri, necesité otra hora para cruzar la carretera repleta de elefantes haciendo cola.

Tardé cuatro horas para recurrir las tres cuadras y llegar hasta los jardines.
El martes los Jardines Encantados están cerrados.

 

(Barcelona, 2003)

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El jardinero

La soledad se desvelará al desaparecer de presencias, como una realidad que se derrumba, que se cae a pedazos como una ciudad abandonada.

Caída la ciudad, entre fantasmas estaré yo, jardinero de mis virtudes, regando brotes de futuro.

(Barcelona, 2010)

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Aquel día

Recuerdo aquel día que empezó cuadrado y acabó redondo, dos cabos unidos por un trayecto, de ida y de vuelta.

Aquel día quise hablarte de la huella fugaz antes que la robara el viento y alcanzarte antes que la luna menguase; quise y ya estaba solo.

Y cuando la mueca se cayó, me reí de tus intentos de recogerla a ojos cerrados. Era el teatro del silencio y de los gestos mancos.

Entonces decidí vaciar mis bolsillos y hacer de mi decepción una flor sin pétalos, los que echaste al viento.

Recuerdo el final redondo de aquel día, cuando evoqué el juego del atrevido y la locura del libre y celebré, bajo la mirada de mi alma, la dejación incondicional de la mente.

 

(mayo 2010)

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Mírame en tus ojos

Mírame en tus ojos
soy la sombra de la luz
que inunda el día y la luz
que apaga la noche.

Soy un instante, nada más.

(junio 2010)

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Huesos

Rácanos de gestos, pieles desecadas en sofás desechos, caerán vuestras calaveras bajo ráfagas de rencor.
El fragor de vuestra soledad será barrido por las risas de un niño, vuestros huesos serán reliquias de herencias desdeñadas.

Sin embargo, hoy es día de lágrimas.

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La última llave

Lo vi, ese tío tan desconfiado, tan preocupado por la lejanía de la jaula más cercana. Pasó las mañanas de su vida soñando sus tardes futuras y las tardes del ahora esposado a su miedo.

Querido, toma esta llave y piérdela, no hay más.

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Palabras robadas

Robó un puñado de palabras cuando la tarde se deshacía al horizonte; eran palabras secas, agrietadas, ásperas al tacto.

En una noche surcada de silencio, hizo de estas palabras un tótem sin rostro para que el viento le diese vida y la mar ternura.

Él ya no estaba cuando el ayer se hizo susurro y la mañana fluctuaba como un nuevo vocabulario entre partículas de palabras robadas.

 
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Geometría del vacío

Atravieso la oscuridad a pasos lentos mirando la torcida geometría dibujada por la luna.
Geometría del vacío que ilumina la nada, que calla el silencio, que rompe la oscuridad y recorta el espacio de tu ausencia.
Es luna de final de invierno que proyecta luz de un (ya) lejano agosto.
Es el recuerdo de ti, de mi, del lazo que unió a dos mares y de los suspiros llevados por el viento.
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Una noche de un último invierno

La vida es un instante perfecto y eterno, un límpido resplandor sin tiempo.
Es esta mesa, esta luz cálida, esta ventana en la noche punteada de Montjuïc.

(Barcelona – C. Dels Madrazos – dec. 2009)

 

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El dedo

Hoy sale un dedo por mi zapato.
Seguro estoy que mío no es.
Me pregunto si mañana también saldrá un dedo de desconocido por mi zapato.
Sí, probablemente mañana también.

Hoy un dedo está clavado en mi frente.
Por lo menos eso parece.
Un dedo arrancado de una mano, sin sangre, ya cicatrizado.
El dedo agita el culito, no entiendo si quiere sacarse o penetrar más a fondo.
Me pregunto si mañana también tendré un dedo de desconocido clavado en mi frente.
Seguro que sí, mañana también.

Hoy dudo del dedo, mañana también.

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