Hoy he decidido dar una vuelta por los Jardines Encantados de la Avenida de los Jardines Encantados. Parecía el día perfecto para un paseo en el parque. Me equivocaba.
Salí a las once y necesité dos horas para bajar la escalera, intentando no pisar el césped que había crecido durante la noche sobre cada peldaño. Para más inri, necesité otra hora para cruzar la carretera repleta de elefantes haciendo cola.
Tardé cuatro horas para recurrir las tres cuadras y llegar hasta los jardines.
El martes los Jardines Encantados están cerrados.
(Barcelona, 2003)


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